viernes, 1 de noviembre de 2013

de Maria Polito


                                                       DERECHO A REPLICA DE LA MIRELLA

Haciendo uso de mis derechos (mányense esa), quiero aclarar algunas cosas. Les voy a batir bien la justa. Entre nosotros este secreto lo cuento porque ya prescribió, antes no lo hubiera contado ni que me apretaran los dedos con una puerta.
La verdad es que mi hombre era el guapo Rivera. ¿Qué macho! ¿Tenía músculos hasta en el pelo, y pelo por todo el cuerpo! El no había inventado el sexo. ¡Por supuesto! ¿Pero que lo mejoró? ¡Seguro!
Yo lo veía y se me mojaba la chabomba. ¡Menos mal que con tantas enaguas como se usaban antes no se me notaba nada!
Una noche me cuentan que ese turro del guapo ¡MI GUAPO! Le estaba haciendo ojitos a la parda Flora, mi eterna rival.
Entonces pensé, mejor me abro ahora, antes que pase algo.
¿Se imaginan si en el cabarute se enteraban que el guapo me cambiaba por la Parda?
¡Mis acciones se venían más en baja que andá a reíte de Grecia! Para quedar bien parada tenía que enganchar un gil. ¡Enganché al que estaba más a mano, y que aprovechaba a chamuyarme cuándo el guapo se daba vuelta. ¡Era gil pero no comía vidrio! ¡Se hubiera tenido que masticar entera la botella de champan si Rivera lo advertía.
Por eso, nada más que por eso le di bola esa noche al chabón. ¿Se los juro!
Porque a mí me podrán decir, puta, atorranta, guacha y hasta chorra, pero. ¡Jamás! ¿Me entienden? ¡Jamás! ¡Pobre mina!
Es verdad que cuándo este coso me volvió a ver yo estaba medio en bajada pero, “Mendiga harapienta” ¡Su hermana!!
Al poco tiempo de ese encuentro me ligué un cirujano plástico que me hizo un toquecito acá, otro allá. Poca cosa para que todo quede elevado a la altura de las circunstancias.
Cuando era joven me gustaban los millonarios, pero con el tiempo me avivé, los platudos ahora no largan un mango y, con un tordo mejorás el capital. ¡Es puro valor agregado!

Pedro digo yo, este gil, antes de hablar, se habrá mirado al espejo? Porque yo también lo vi, les cuento, se le cayeron los dientes y el pelo, pero eso sí, le crecieron tres panzas, una arriba de la otra. ¿Hará pis sentado? ¡Porque los brazos no le crecieron.
No hay nada que hacer, los hombres cuándo maduran son una gran panza con autoestima alrededor. ¡Qué digo! ¿Cuándo maduran? ¡Estos no maduran, se pudren directamente!
Sé que les contó que una noche se quiso suicidar, pero no les contó cómo. ¡Un papelón!
Se tomó cuatro botellas de champan y tres tiras de cafiaspirina. Flotaba. Decí que un amigo para que no se quedara pegado en el techo lo ató de los tiradores a la pata de una mesa. Lloraba porqué ya no tenía veinticinco años. ¡Para lo que le servía!
Siempre fue de lágrima fácil. ¡Si me habrá arruinado hombreras! ¡Me las empapaba todas!
Decía que lloraba por su dulce viejecita que lavaba ropa ajena. ¡Vieja bruja y roñosa! ¡No lavaba ni la suya!
Así que cuándo lo escuchen no le crean nada, ese a mi no me ganó, les digo más. ¿Ese no puede ganar ni a las bolitas!.


De Maria Polito

CONSEJOS FEMENINOS Cómo viviríamos sin ellos

Vió  Clara como cambian las cosas, yo me acuerdo de los primeros tiempos de casada, Alberto llegaba de la oficina, yo transpiraba en la cocina, la casa, un espejo, oliendo a salsa demi-glasé y flan de vainilla mamá me decía: ”¡Nena al hombre hay que retenerlo por el estómago”. Yo cocinaba como una burra, cómo le decía, yo controlaba el horno y la cacerola al mismo tiempo.
El entraba, tiraba el portafolio en el salón del living, se quitaba el saco, se arrancaba la corbata, me agarraba por atrás y metía mano enseguida… ¡Cómo loco!...
Yo le decía orgullosa: ¡Papi, la comida!
“¡Qué comida ni comida!”  “¡Vamos a la cama Negra que te voy a comer a vos!”…¡Pero bichi estoy toda transpirada!
Yo quería decirle que con la lengua más bien me mojaría …¡Pero quien razona con un hombre en esas circunstancias!
Ahora cómo le digo, entra se quita el saco, tira el portafolio, se arranca la corbata y se sienta a la mesa sin lavarse las manos.
“Negra, ¿Qué hay de comer?” Ese es todo su saludo.
 Entonces Graciela, Graciela es mi vecina, me prestó una revista femenina donde salió un artículo muy interesante.
 SI EN EN EL LARGO CAMINO AL HIMENEO UD. ENCONTRÓ EL ABURRIMIENTO, SEPA COMBATIRLO.
El título es prometedor, vamos a ver:
1) Olvídese de la cocina, hoy no contamine su casa con olores prosaicos. Coloque en todas las lamparitas un poco de perfume francés, el calor desparramará su fragancia por toda la casa.
 (que derroche, aparte perfume francés no tengo ¿colonia nacional será lo mismo? Bueno es lo que hay)
2) Gaste sin dudar sus ahorros en un sugestivo beibi doll de encaje blanco, acompáñelo con medias y portaligas negro.
Bueno, ahorros no tengo, voy a acortar el camisón y veré que hago con el portaligas.
3) Dese un baño de inmersión con sales, espuma y agregue un chorro de perfume francés.
Yo sigo con la colonia. Además es difícil un baño de inmersión si no tengo bañera.  Ya se pongo la palangana e inmerso por lo menos los pies.
4) Vístase con las prendas que compró, cepíllese el pelo, muy poco maquillaje, prepare dos tragos y espérelo con las luces tenues.
5) Cuándo el llegue, a la consabida pregunta abrácelo felinamente mientras le susurra: ¡Yo mi amor, hoy soy tu plato predilecto.
Seguí las instrucciones paso a paso, con las lógicas adaptaciones. ¡Le juro Clara que se asustó! Me tomó la fiebre, me preguntó si me sentía bien y, terminamos comiendo pizza mientras mirábamos  la TV.

Mañana escribo sin falta una carta al correo de lectores de esa revista.

viernes, 11 de octubre de 2013

LOS GRAVEDAD CERO


 clarisamarx@hotmail.com 
¿Cómo definirlos? No  cuentan lo mismo una y otra vez, no hablan hasta que se les acabó la saliva de la boca, no contestan con simples “si” ó “no”.  Empiezan a hablar y uno lo ve cómo a Neil Armstrong caminando en la luna. Un saltito con un pie y… nuuuunnnnccccaaaa lllleeeggggaaaa eeellll oooottttrrrroooo piiiieeee aaallllll ssssuuuuueeeeellllooooooo.
Hacen un solo relato, completo, con pelos y señales, con lujo de detalles, con infinidad de descripciones. Tantas, que para cuando termina el concepto, uno ya no sabe de cual era el tema. O lo que es peor: ¡¡¡¡ni siquiera había un tema!!!!

Pablo. Llega a casa luego de trabajar. Se sirve un café y, mientras le agrega el azúcar, se sienta  para contarme las novedades del día.
“Estaba por cruzar la calle al mediodía, serían las 12.30 hs, parado en la esquina de 9 de julio y Corrientes, esperando que cambiara el semáforo. Al lado mío, un hombre más o menos de mi edad, de traje, bien vestido, empezó a mirarme. Lo miro. Se pone el semáforo en verde, camino y el hombre viene al lado mío. Me sigue mirando y yo vuelvo la vista hacia él nuevamente. Llegamos a la mitad de la avenida y vuelve a cortar el semáforo. En la plazoleta  del obelisco, mientras espero nuevamente el verde que nos permita avanzar, sigo sintiendo la vista en mí. Yo lo miro.
Cruzamos el resto de la avenida y al llegar a la vereda me dice: ¿Vos sos Pablo? Lo miro bien. Lo reconozco ¿Quién era él?”
Acá hago un paréntesis para aclarar que yo a todo esto ya estaba aburridísima.
Sigue:
“Cuando yo era chico, vivía en Villa del Parque. Enfrente de mi casa, había una tintorería y por una puerta de costado, se entraba a una casa que había en el fondo. En ella vivía un matrimonio con tres hijos. El mayor (Alfredo) se recibió de arquitecto, se casó y se fue a vivir a Estados Unidos, no tuvo hijos. El del medio (Juan Martín) puso una talabartería, se separó hace cinco años y vive, con uno de sus tres hijos, Julián el mayor de 28 años, que lo ayuda en su local, en Moreno. Los otros dos viven en Capital, creo que me dijo que cerca de Agronomía, con la madre. Cómo tienen bastante diferencia de edad, están en el secundario y el padre todavía le tiene que pasar alimentos.
El menor de los inciales (Federico), que en la secundaria se llevaba todas las materias y era bastante vago y salidor, parece que se encarriló, es contador y tiene un estudio en Santa Fe y Viamonte. Está casado, tiene dos hijos, Marina de 26 y Sebastián de 24. El chico está por recibirse de ingeniero en informática y la chica se recibió de abogada hace un año y medio. La señora (Marta) es también contadora, pero hace unos años que dejó de ir al estudio y se queda en la casa. Da clases particulares de economía y análisis matemático. ¡Ése era el que me miraba!”
Ah, le digo. ¿Y qué pasó?
Nada, te estaba contando con quién me encontré…
Y, pregunto yo… ¿no podías haber dicho simplemente: me encontré con un vecino de mi infancia y me ahorrabas 15 minutos de mi vida acá sentada?

Oveja negra

mariajo2040@gmail.com

Anoche recordaba mi paso por el Colegio de la Misericordia, especialemnte las Hermanas María Gracia y Divina, la segunda eligió el nombre por la Divina Palabra. ¡Nada que ver con Cris Morena, que en ese tiempo no existía, por lo menos cómo tal, al menos se salvó de pagar coopi grip.
 
Las dos me tenían ojeriza. ¡A mi! Que en solo año y medio había logrado ser la oveja negra del colegio entero, no es que me preocupara mucho, ese era un lugar conocido para mi.
Mis trece años, hormonas y fenormonas en ebullición enfrentada a las autonominadas ovejas del Señor, es decir blancas, yo les quería demostrar que el mundo era "ancho y ajeno", ellas que el suyo era estrecho, perfumado, seguro y lleno de amor. Amor de El. Yo quería saber. -Sí de acuerdo pero, con cuántas lo comparten? ¿Cuántas son? Por más Dios que fuera, ¿Cómo podría satisfacerlas a todas?, ¿Y los orgasmos?
Las miradas de horror me taladraban pero no lograban callarme ni evitar que mis pensamientos se atropellaran.
Para explicarme mejor les di un ejemplpo, supongamos que Dios es un rey terreno, elijo a Juán Carlos de España, presten atención, no solo por que sus iniciales son JC, sino porque cincuenta años atrás estaba bueno, en cambio los restantes reyes tenían una cara de boludos que no era para calentar a nadie, por más monja carenciada que fuera, volviendo a mi ejemplo, a Juán Carlos le toca un convento enorme lleno de ovejas. ¿Cómo hace? ¡Imposibler!. Entonces manda a servirlas a su representante, o sea. ¡No es lo mismo! Además por cada sacerdote que esté bueno hay sesenta que no sirven ni para repuesto. Y eso que tienen el audio de todos los pecados capitales. ¡Pero no se calientan! Les cuento que el director del colegio tenía más de setenta años, no levantaba los pies para caminar ni la vista para mirarnos. ¿Ustedes creen que podría levantar algo interesante? Yo no.
Cuándo me expulsaron creí ver una mirada de ironía piadosa en los ojos de las dos hermanas, pero no le di importancia, el mundo era...y yo estaba dispuesta a disfrutarlo a fondo.
Pero pasó el tiempo...pasó...pasó y recordé las miradas de despedida de las monjas y recién entonces comprendí ese mundo protegido que detesté.
Y comprendí...que mis ovejas blancas no necesitaban cirujano plástico para sacar o peoner, ni preocuparse por la última moda de maquillaje, ni gimnasio ni dietas, su trajecito negro que no pasa de moda las aisla del frío y las protege del sol, ese enemigo serial de la piel, en cuanto al calzado, taco bajo, acordonados, anchos, los deditos se hacen una fiesta en lugar de estar amontonados unos sobre otros y además evitan el riesgo de romperse un tobillo por subirse a esos tacos inverosímiles de Ricky Sarkani. Pero lo mejor es no tener que entrar en competencia por el mercado varonil del que quedan muy pocas piezas sin averia. La mayoría de nosotras nos enconatramos en la edad madura, por supuesto solo las que tenemos suerte, con prestaciones discontínuas...y somos afortunadas, que la mayoría ni eso!
Además los orgasmos no son gratis, de una u otra manera siempre los pagamos. En cuánto a la maternidad, está sobrevaluada, si antes de embarazarnos nos contaran que un hijo es para siempre, y que en todas y cada una de sus dificultades  recurren a mamá, así tengan cincuenta años y nosotras el doble, lo pensaríamos dos veces antes de embarcarnos en una hipoteca de por vida, yo me hubiera dedicado a criar malvones, no requieren mucha paciencia y se llenan de flores.
Después comparé la vida de las ovejas negras y blancas, entendí sus miradas, es verdad que algo de razón tenían pero a pesar de todos los inconvenientes yo me divertí un montón...y cuándo tuve que pagar pagué, con mucho gusto.

Cuento de Manuel Otero

De manuotero@hotmail.com

Ya era éste el segundo día que me mantenía despierto y en pie, y por la cara de Luz, mi pareja, cuando me bajé los pantalones frente a todos, me di cuenta que ya era suficiente. Su expresión de desengaño y la carcajada de mis amigos me confirmaron lo que venía sospechado hace tiempo: el alcohol me estaba arruinando la vida, ya comenzaba a desvariar, una de las últimas etapas de la enfermedad. Por que si, tenía el mal dentro mío. Pero eran mis alucinaciones extrañas, ya que me dejaban pequeños resquicios como para juzgar si estaba obrando bien o mal. Todavía guardaba, en medio de tanta locura, un ápice de ética.

Eso sucedió ayer.

Por lo que un poco triste, un poco avergonzado, me retire a mi cama, por suerte estaba en casa. Cuando apoyé mi cabeza sobre la almohada me di cuenta de dos cosas: la primera que podía, en medio del silencio de mi habitación, escuchar música en mi cabeza (era una balada melosa, nunca antes escuchada por nadie); lo segundo que llamó mi atención fue que, si miraba la ventana fijamente, y luego cerraba los ojos con fuerza, en la oscuridad de mis parpados cerrados podía distinguir formas geométricas que se agrupaban formando figuras abstractas.

En un primer momento me sorprendí, me senté al borde de la cama y temí haber sufrido un daño cerebral permanente (ya hacia tiempo que venía sobre exigiendo a mis neuronas); pero luego de resolver algunos cálculos mentales me tranquilicé un poco; “no me estoy volviendo loco”, trate de consolarme.

Por lo que volví a repetir la operación: apoyé mi cabeza en la almohada, miré fijo la ventana, cerré los ojos y espere. Al principio un cuadrado, luego un hexágono, por detrás una esfera, todas las figuras geométricas juntas comenzaron a avanzar (o retroceder, no sabría explicarlo) para formar lo que creí era una ciudad del futuro. Cuando lo comprendí salté de la cama como empujado por un toro.

Tome lápiz y papel y comencé a esbozar lo que había imaginado. Trate de no perder detalles, por momentos ayudaba cerrar los ojos y dejar que las figuras se agrupen en mi mente. Cuando terminé de dibujar no quede impresionado pero admití que la copia era similar al original (original que sólo se guardaba en mi cabeza). Conforme a medias le saqué una foto, la subí a mi Factbook y se la envié a un amigo que trabajaba como redactor en una revista. Por suerte para mi Julián, mi amigo, estaba conectado en ese momento, por lo que no me sorprendió su respuesta casi inmediata en la forma que a continuación transcribo:

-- Manuel---comenzó escribiendo--, me alegro saber de ti, y me alegra aún más saber que comenzaste a dibujar. Ahora bien, te tengo noticias, tu dibujo es muy bueno, por lo que me tomo la libertad de reenviárselo a una amiga uruguaya, editora de una revista de arte, que justamente ayer me pidió trabajos de artistas no consagrados.

Me molestó la última observación; no era necesario, pensé, que me recuerde mi fracaso constante en todas las ramas del arte. Pero pensé, además, y con justa razón, que mi molestar se debía a la falta de sueño; por lo que en busca de tranquilidad me decidí a acostarme nuevamente (ahora me percato que dormir en ese momento era lo mejor que me podía haber pasado en esta historia). Lo cierto es que no pude ni acercarme a la cama; al segundo de haber tomado mi decisión llegó un nuevo mensaje de un contacto desconocido:

-- Estimado Manuel Otero: —el formalismo de aquel “estimado” me puso en guardia-- hemos recibido con sumo beneplácito su obra en lápiz y papel, y en la editorial nos preguntamos si podemos utilizar su trabajo (bajo condiciones económicas que en su justo momento discutiremos) para la nueva portada de Revista Cultura Acá; edición: artistas emergentes. Si su respuesta es positiva, ya mismo estoy tomando el próximo vuelo a Capital para una entrevista personal en pos de la firma del contrato. Atentamente, Claudia Bonadio, editora en jefe de editorial Franciscana.

No podría negarme luego de un trato tan respetuoso. Además, aquello de discutir condiciones económicas, firma de contrato o el detalle de “artistas emergentes”, me había emocionado al punto de hacerme perder el sueño, y no la razón como antes temía.

Por lo que respondí con mi consentimiento y, luego de un corto intercambio de coordenadas y horarios, me ocupe en acomodar mi cuarto esperando a la editora; escondí las botellas de cervezas vacías detrás del ropero, oculte debajo de mi cama la ropa sucia y me lavé los dientes, justo a tiempo para escuchar el timbre de casa. “Me tendría que haber bañado”, baje pensando.

Pero antes de continuar quiero confesar…las mujeres, son para mi, la fuente única de toda inspiración; por ellas aún vivo; la esperanza de poder poseer apenas el 0,01 por ciento de toda la población mundial femenina mantiene mi sangre caliente (literalmente). Pero cuando me enfrento a uno de esos especimenes, casos raros, en donde la belleza y la inteligencia se unen para darle forma a un cuerpo femenino, nada digo. En otras palabras: podría ofrendar mi vida por una mujer que idolatro en silencio, pero ella, ni ella ni nadie, jamás lo llegaría a saber (ni siquiera a sospechar).

En apenas un segundo comprendí que Claudia, la editora, pertenecía a ese selecto grupo, sino la reina, la mandamás. No voy a perder tiempo en describirla, espero que quien lea este relato imagine en Claudia todo lo que siempre buscaron y mucho más.

Por eso mi sorpresa fue enorme cuando ella no tomó la mano que le extendí en forma de cordial saludo, sino que saltó sobre mis brazos y me abrazó como ni siquiera mi madre me ha tomado. “Me tendría que haber bañado”, volví a pensar. Y se sabe, un abrazo típico entre amigos dura entre dos y tres segundos; entre desconocidos se sugiere apenas un choque, unas palmadas en la espalda y una pronta separación; por eso me costó entender que no conocía a Claudia cuando nuestro abrazo se extendió por varios minutos.

-- Siento algo…—dijo, y me separé de ella ofendido, pensando en una inoportuna erección, Me cubrí avergonzado. Ella pareció comprender mi pudor, bajó la mirada desconcertada y cerró el tema con un—no, no es eso. Siento que te conozco desde antes.

Formas extrañas de comenzar relaciones se suceden todo el tiempo, en todo lugar. En ese aspecto soy condescendiente. No juzgaría a una persona por cómo comienza, sino por cómo termina una relación.

Me habló de su editorial, de su país y de sus pasiones (mirar películas de terror de los 80 y leer clásicos policiales); elogió mi dibujo y preguntó si era parte de alguna colección; quiso saber el nombre de la obra, si era posible ofrecer en venta mi trabajo, y si tenía representante o si necesitaba uno. Habló cambiando de tema cada cinco minutos y luego sacó un grabador para hacerme algunas preguntas. Debo confesar que no estaba preparado para tanto, todavía me recuerdo y siento malestar de no haberme preparado, ni siquiera imaginado, en tal circunstancia. El desengaño pareció doble, ya que Claudia terminó asegurando que no era yo un personaje muy locuaz pero que ella se encargaría de retocar las respuestas. “Siempre y cuando no te moleste”, terminó diciendo. En fin, me prometió que en horas me enviaría una copia de la entrevista y que cuando yo esté conforme, nunca antes, se imprimiría en formato papel.

-- Ahora estoy partiendo para Nueva York, pero a mi regreso me gustaría que nos veamos, que cenemos algo por ahí—dijo, cuando nos despedimos en la puerta de casa. La despedí y trate de imaginarla desnuda, mientras espiaba su figura en retirada como el peor de los fisgones.

Corrí rumbo a la computadora con una idea fija en mente: descargar mis tensiones de la forma más rápida y fácil. Me tomó un tiempo encontrar la escena que necesitaba para ese momento (he notado que últimamente necesito excitarme con actrices con las cuales, imagino, podría tomar un café y no sólo para hablar de sexo). Pero mis planes fueron interrumpidos por un correo electrónico directo desde la redacción de editoriales Franciscana, en donde me adelantaban el borrador de lo que había sido mi entrevista con Claudia (calculé, con algo de desengaño, que la entrevista ya estaba escrita mucho antes de haberme conocido).

Pues bien, esto fue lo que leí mientras me subía los pantalones:

Artistas emergentes: Manuel Otero.

“Cuando soy quien quiero, el universo es mi lienzo”

Ante la publicación de su último dibujo “sin titulo” (lápiz sobre papel), Revista Cultura Acá viajó hasta Argentina para conocer el pensamiento de uno de los artistas menos conocidos del barrio de San Telmo. “La historia del arte está llena de injusticias”, aseguró esta joven promesa, quién además nos regaló un pedazo de la historia del Arte enterrada en el olvido. Claves para entender una de las mentes más perturbadas del arte contemporáneo.

A punto también de estrenar su último cuento, titulado Bue…, visitamos a Manuel en su cómodo loft que ocupa cuando está de vacaciones en Capital Federal. Nos recibe su asistente, una agraciada rubia veinteañero que nos informa que el artista no hablará ni de su intimidad ni de sus problemas con las adicciones. Laura, así se llama la voluptuosa blonda, nos traslada a un cuarto atestado de libros, algunas fotos familiares y un escritorio con una computadora portátil y varios instrumentos musicales. Nos informan que Manuel se está levantando, que anoche ofició de anfitrión en una tertulia que se extendió hasta pasado el mediodía.

A los 10 minutos de espera Manuel ingresa a su oficina radiante, saluda efusivo y pide disculpas por la tardanza. No parece sentir resaca, si es que la tiene, y nos ofrece tomar un trago. Parece no importarle que sean las 3 de la tarde de un lunes mientras mezcla vodka con jugo de naranja.

Mientras se pone cómodo pienso que no aparenta los 34 años que asegura haber vivido. Un cuerpo atlético, alto y ancho como una puerta, con una mirada de eterno seductor empedernido. Por algo, me digo, fue elegido por tercer año consecutivo como el soltero mas codiciado de San Telmo (1).

En un año viró de la fotografía al video, de la danza a la albañilería, de la música electrónica al cuento, y ahora sorprende a propios y extraños al abandonar todas sus otras pasiones por el dibujo. “Fue una sucesión lógica”, asegura él, sin explicar donde radica la lógica en tantos cambios de oficio y en tan poco tiempo.

A punto de salir a la luz una retrospectiva de su obra completa, viajamos a Argentina para conocer a uno de los artistas más prolíferos, controvertidos y poco reconocido de su tiempo. Con ustedes: Manuel Otero.

Revista Cultura Acá: ¿Cómo se vive con tantas pasiones en un sólo cuerpo?
Manuel: “La pasión es una sola: el arte, la búsqueda de la belleza exquisita, por decirlos en palabras de poeta. El arte es el motor, las disciplinas las herramientas. Cuando estoy dibujando estoy haciendo música en mi cabeza; cuando escribo cuentos puedo cantar. Todo es uno, va de la mano como le gusta decir al vulgo; y cuando uno se permite ser libre no hay horizontes a la vista: cuando soy quien quiero, el universo es mi lienzo”.

La mayoría de las anécdotas de Manuel comienzan o terminan en una orgía desenfrenada de consumo, de todo tipo de sustancias. “Me di cuenta de joven que el alcohol y la noche predisponen a lo fantástico—nos contó el artista en sus aposentos--. Cuando estoy sobrio no sucede nada digno de mención en mis días, es lo mas parecido a lo que imagino será mi jubilación; pero cuando estoy borracho puedo aparecer desnudo en una canaleta, al costado de una carretera desconocida, con mil pesos en la mano. Cuando me excedo todo puede suceder, todo es posible. Hoy, sin ir mas lejos, me acosté cascoteado y cuando cerraba los ojos se formaban figuras alucinantes en mi mente, que pude plasmar en papel; sobrio eso no me sucede por más que le ponga onda”.

Pero su falta de historias simples la suplanta con relatos magistrales de la historia universal de los últimos tiempos. Este artista, me termino de convencer, es completo:

Revista Cultura Acá: ¿Sirve el arte para algo?
Manuel: Muchos aseguran que mientras el arte no pueda alimentar a una persona hambrienta, su utilidad no entra en discusión. Pero déjeme que le cuente una pequeña historia que viene a cuento, sucedió antes del año 2000, en un país de África. Un grupo revolucionario de extrema izquierda creyó ver, en la enfermedad del rey y en los problemas económicos que azotaban al país, la coyuntura política esperada hace años para intentar tomar el poder a través de las armas. No eran estos hombres diplomáticos, eran otros tiempos, hombres de acción. Pero en el asalto final a la capital del país negro los guerrilleros no contaron con la lealtad de la guardia Imperial, quienes no solo resistieron los férreos ataques al Palacio sino que además lograron reducir y rodear a los insurgentes en el centro de la ciudad. Quiso la fortuna para los rebeldes que en la retirada eligieran el Museo de Arte Moderno como refugio último, cuando se vieron doblegados en fuerzas y número de hombres. Por lo que los generales del ejercito leal, al saber acorralado a su enemigo, ultimaron detalles para bombardear el edificio al unísono y aplastar de una vez y por todas los sueños libertarios de “aquellos afiebrados”, como los llamaban sus detractores. Pero cuando sólo restaba la palabra “fuego” para desatar el pequeño infierno en el centro de la ciudad, apareció en escena el Príncipe de aquel país, y gritó, con voz de mando: “!el primero que se atreva a disparar una sola bala hacia el Museo, pierde sus manos!”. La amenaza se esparció por toda la línea a tiempo; comenzaron las discusiones entre los generales, entre aquellos mas sanguinarios que se veían con las manos atadas cuando tenían a la presa enjaulada, y aquellos otros, no menos sádicos, que respetaban las órdenes imperiales a rajatabla. Nadie sabía que el Príncipe, educado en los mejores colegios de Europa, con una licenciatura en Arte y un doctorado en pediatría, solo pensaba en resguardar la colección de obras que había comprado alrededor del mundo para el Museo, en su carácter de embajador cultural de aquel salvaje país. Sabía el Príncipe que el valor de todas las obras juntas superaba incluso el PBI de la nación entera; con un solo de esos Picasso se podrían construir diez escuelas, o cinco hospitales completos por ese otro dibujo de Otero; por lo que el Rey, al ser enterado por su hijo en charla intima de los detalles de la ofensiva final, dio la orden definitiva que su hijo esperaba: el Museo no se toca.

Manuel sorbe su trago con parsimonia y prosigue:

Manuel: El líder de los rebeldes, al ser anoticiado de la orden real, se asomó al balcón del edificio y les gritó a los periodistas que cubrían la toma del museo: “!De aquí saldremos vivos o muertos!”. Nadie se detuvo a analizar lo obvio y a la vez absurdo de la frase, y ya los matutinos reproducían otro párrafo de aquel memorable discurso: “!Le prometo a mi pueblo que cada primer día de mes me asomaré a éste balcón y rendiré cuentas de nuestros actos!”. No hubo aplausos ni aliento de ningún tipo, ya que los soldados leales rodeaban el edificio e impedían el paso a la multitud que, curiosa, se agolpaba en las calles para presenciar escena más bizarra. Pues bien, luego de varios días de discusiones internas sobre qué estrategia emplear para desalojar el Museo, los militares llegaron a convenir en una obviedad: la comida se terminaría tarde o temprano, por ello algún día tendrían que rendirse. Por razones humanitarias coincidieron en no interrumpir el suministro de agua potable, por lo que sólo restó organizar los turnos para vigilar que nadie ni entre ni salga del perímetro custodiado. Pero los días pasaron, el mes se cumplió y los insurrectos no asomaban bandera de rendición. Los medios del mundo entero transmitieron desde el alba del primer día del mes, fecha decidida para escuchar las palabras del líder rebelde. Una suposición era compartida por todos los reporteros que cubrían los hechos: un mes sin comida podía minar la salud aún del ejército más aguerrido. Pero no fue el hambre lo que pareció atacar al líder de los izquierdistas, al contrario; todos coincidieron en verlo incluso más rozagante que en la primera aparición. En esta oportunidad aseguró que todos sus soldados gozaban de buena salud, que estaban aprendiendo mucho de arte y que incluso reconocían el buen gusto de las obras. Por último, se despidió diciendo: “a mi familia y a la familia de estos valientes soldados, le llevo tranquilidad, y la seguridad de que venceremos en nuestros justos reclamos. Un saludo para todos los que me conocen”.

Laura, su asistente personal, se acerca con un recado que le susurra al oído y Manuel cancela una nueva cita. Prosigue:

Manuel: En resumen, nadie lograba comprender cómo se estaban alimentando dentro del edificio, incluso algunos periodistas malintencionados llegaron a sugerir la antropofagia como la respuesta del misterio. Los meses pasaron, la escena se repitió cada primer día de mes, y lo que comenzó como una noticia que acaparó la atención del mundo entero, con el correr de cada entrega, se volvió una crónica sin novedad, la peor de las noticia para la maquina de la prensa. Incluso algunos, que al principio apoyaban la liberación con vida de los cautivos, comenzaron a quejarse de que el líder, en su encierro, incluso parecía estar engordando; que era una falta de respeto salir a mostrar sus mofletudos cachetes a un país donde los niños se morían de hambre. Por fin, y luego de meses de negociaciones, al año de comenzado el ataque, un rey de otro país consiguió el indulto hacia los rebeldes y la comunidad internacional vio en vivo y en directo como los sediciosos deponían las armas y abandonaban el museo, en aparente buen estado de salud y cantando el himno de su partido. Los periodistas se abalanzaron sobre los detenidos, la pregunta era una sola: ¿con qué se alimentaron? La respuesta fue unánime: “On tu butu!” (2). Pues bien, cuando Sarte conoció el desenlace de la historia expresó una de sus frases más celebres: ”¡Al fin el arte sirve de algo!”. Frase que incluso hoy tiene vigencia y se discute con más fuerza que antaño.

Manuel concluye su relato y se deja caer sobre su cómodo sillón, toma un poco de un nuevo trago y vuelve a preguntar: “¿conocen la historia del gobernador actor? Es de no creer…”. Y su relato vuelve a sumergirnos en el apasionante mundo del arte moderno.

Ahí lo tienen, la mente del artista emergente del mes, de revista Cultura Acá. Para mayor información, manuotero@hotmail.com. Entrevista: Claudia Bonadio, en exclusiva para editorial Franciscana.

(1) Al cierre de ésta edición se supo que Manuel quedó descalificado del Premio por el soltero mas codiciado 2013, al conocerse su tórrido romance con la famosa modelo y conductora trasandina.
(2) “On tu butu”: ¡Los cuadros!

Terminé de leer el artículo confundido y un poco envidioso de ese Manuel que leía y no reconocía en mí. Ojala, pensé, fuese un cuarto de interesante como me había descripto Claudia. Lo cierto es que no recordaba la existencia de aquella anécdota de revolucionarios, tampoco ninguna de las otras respuestas, pero de igual forma respondí a la editorial con mi consentimiento para que publiquen la entrevista. La respuesta también fue inmediata, y terminaba agregando: “Mañana le enviaremos sin costo uno de los ejemplares de la revista”.

Ya era de noche otra vez, ya había perdido la noción del tiempo, no recordaba los días que me mantenía en pie. A pesar de ello no estaba cansado, pero tampoco sentía nada (ni las piernas, ni los brazos), por lo que no estaba seguro de mi estado. Sabia que debía dormir, sabía que mi cuerpo necesitaba un descanso, pero sabía también que las cosas suceden cuando estamos despiertos y no al revés. Y necesitaba que me pasen cosas.

Mi necesidad de acción fue saciada a los pocos minutos, Claudia me llamaba desde Nueva York; por el tono de su voz imaginé que estaba muy contenta. Lo primero que me preguntó me anticipó una nueva aventura:

-- ¿Tenés tu pasaporte en regla?

Luego su explicación fue atropellada, que había conocido un cliente interesado en mi dibujo, que tenía que salir corriendo al aeropuerto donde me esperaba su secretaria con los pasajes rumbo al país del norte. Que no me preocupe por mis pertenencias, que en Estados Unidos “podemos comprar todo lo que necesitamos”. Y nunca olvidaré la felicidad que sentí al comprender que ahora teníamos planes juntos. “Tendría que hablar con Luz”, fue lo primero que pensé, pero preferí no apresurarme.

Y como en un sueño me vi arrastrado hacia el aeropuerto, luego subido casi a la rastra al avión, y por último sentado cerca de la cabina del piloto. “Me tendría que haber bañado”, seguía pensando. Mis piernas no me respondían, por lo que no entendí, cuando despegamos, como hice para avanzar hacia el baño. Creo que en mi camino empujé a una señora, alguien me señalo con un dedo y otro alguien rió a carcajadas.

Me encerré en el baño del avión, quería asearme por lo menos las zonas más calientes, por decirlo en forma apropiada. Verme sin remera frente al espejo me animó a desvestirme por completo, y verme completamente desnudo me confirmó lo que venía pensando hace un tiempo: si seguía con éste ritmo de desenfreno llegaría al verano sin necesidad de dieta alguna. Me gustaba mi nueva figura, casi esquelética, pero temía por mi salud…mental principalmente. ¿Qué hacía desnudo a más de mil metros de altura? A veces, me dije, la vida no tiene sentido. Solo a veces.

Vi interrumpida mis cavilaciones con el anuncio del piloto de nuestra pronta llegada a destino. ¿Tanto tiempo había estado encerrado? Era el sueño, lo sabía; él era el responsable de alterar mi percepción de las cosas, incluso del tiempo y el espacio. Subir a un avión en un país y descender del mismo aparato en otro, ahora, era cuestión de horas, o de minutos, no podría asegurarlo.

Claudia me esperaba en el aeropuerto, radiante de contenta al parecer. Nos subimos a un taxi y me aseguró: “nunca más tendremos problemas de dinero”. Mientras eso decía sacó de su cartera un cheque, según ella adelanto de lo que llegaríamos a ganar con mi trabajo, y no me alcanzó los dedos de las manos para contar los ceros que se amontonaban en el papel.

Llegar al hotel y verla desnudarse frente a mí fue una sola cosa. Mi mente no podía asimilar todo lo que veía, mi cuerpo no sabía si excitarse o dejarse rendir sobre la alfombra. Dudando de todo caí arrodillado al suelo, Claudia se tiró a mi lado; cuando tome sus pechos en mis manos su espalda se arqueó en el aire, sus pezones apuntaron al techo y su gemido despertó al animal que todo hombre lleva dentro. Pero me controlé a tiempo. Sabía cómo debía proceder la primera vez: lentamente. No necesitaba que ella me pidiera que consume el acto, debía esperar que sea su cuerpo el que pida a gritos mi cuerpo. Rocé su zona crítica con la palma de mi mano, suavemente, lentamente, y un temblor de escalofríos recorrió cada centímetro de su piel. Me deslice hacia sus pies, besando todo lo que encontraba a mi paso, y llegué a su entrepierna. La respiración de Claudia comenzó a acelerarse, sus gemidos subieron de intensidad, sentía su sangre golpetear con fuerza por sus venas, el aroma a mujer explotó en mi rostro, en el mismo momento en que…

Bue…en resumen, lo hicimos.

Cuando apague mi cigarrillo Claudia volvió del baño, al parecer, de buen humor. “Tengo muchos planes contigo”, dijo, mientras recogía su ropa del suelo (ahora que recuerdo, nunca me miró a los ojos cuando hablaba de nosotros y sus planes). Me aseguró que volvería antes de la cena, que tenía una reunión importante con un coleccionista de arte, que nos volveríamos millonarios. Pero yo sólo pensaba en una cosa, en dormir, en descansar, me había olvidado qué era lo que sentía en sueños, la suma de acontecimientos me había secado los ojos, literalmente. Por eso, cuando me quedé sólo, fumando un cigarrillo frente a la ventana del hotel, me sorprendió el sonido del teléfono y, cuando atendí, la voz casi lastimada de Claudia.

-- Manuel-- me dijo, casi entre lagrimas--, no te quise contar cuando salí por temor a tu reacción, pero mientras estaba encerrada en el baño me realicé un test y…Manuel, vamos a tener un hijo.

No reaccioné como esperaba, la noticia no me alteró como pasa en el cine. Corté el llamado con una idea fija, Martín, mi hijo (si, ya tenía sexo y nombre), no pasaría hambre jamás. ¿Y porqué estaba tan seguro? Por que sabía, en ese momento, que con sólo cerrar los ojos y dibujar mis alucinaciones podía mantener a mi familia en la abundancia por tiempo indeterminado.

Por lo que pensando en la educación de mi hijo apoyé mi cabeza sobre la almohada de aquel hotel. Tenía que aprender a invertir bien mi dinero, me convencí mientras cerraba los ojos; además mañana, a primera hora del día, abriría una cuenta bancaria para mi niño, para cuando cumpla 18 años pensé.

Por lo que sumergido en planes para el futuro cerré mis ojos y, nuevamente, comencé a escuchar música en mi cabeza. Creo que era música electrónica, golpes repetidos que se acercaban acelerados, amontonados. Pero al final no era una composición, comprendí a tiempo, sino que era alguien golpeando a mi puerta.

Pensando en el servicio al cuarto me levanté medio mareado, por lo que me sorprendió encontrar a Luz, mi pareja, en la puerta de mi cuarto.

-- Manuel—comenzó diciendo Luz--, vestite por favor, tenemos que hablar.

En vano trate de encontrar mi pantalón en la pieza. Mientras lo buscaba me preguntaba si Luz sabía de mi nueva vida, si sabía de Martín, mi hijo, o de mi nueva situación económica. ¿Por eso había regresado? Y ahí me lo pregunté, ¿o nunca se fue?

-- Manuel—Luz parecía cansada, resignada--, así no podemos seguir.

Obvio, pensé, ni ella ni Claudia aceptarían vivir los tres juntos bajo un mismo techo (los cuatro en apenas meses, me retracte); debía elegir y ya lo había echo: “todo sea por mi hijo”. En estas cuestiones del amor, alguien siempre termina perdiendo: hoy le tocaba a Luz. Pero ahora, ¿cuándo había regresado de Estados Unidos, o Luz era la que había viajado?

-- Al principio—aseguró, antes de largar a llorar—me parecías divertido, pero ahora comprendo que estás enfermo, que necesitas ayuda. Verte sin pantalones frente a todos fue…--pensé que la palabra que buscaba era vergonzoso, pero nada dije--…No puedo más Manuel, hasta acá llegue.

Cuando Luz salió de la habitación encontré un dibujo tirado en el suelo (cerca de allí vi mi pantalón), era apenas el trazo tosco de un cuadrado, un hexágono y una esfera. Otra vez, comprendí, mis sueños habían terminado en el suelo… como mi pantalón.

martes, 8 de octubre de 2013

PREMIO LIBRO DE HUMOR PARA LLORAR DE RISA


Gente querida : tengo los ovarios al plato del Premio Clarin de Novela, Premio Planeta de Novela, Premio Montoto de Narrativa , Premio Torrescallejas del Morrón Navarrejo de Literatura Seria , Premio Lagrimón al Novelón Amargo, Premio Coágulo Pestilente a la Novela Negra. Y SIGUE SIN HABER PREMIOS para la obra de humor  en español .  Por ende, cansada de quejarme , tomo accion en el tema y  anuncio que en este benemérito día de 8 del octubre de 2013  fundo y  declaro  formalmente  abierta la convocatoria  al Premio al Libro de Humor Para Llorar de Risa  que nos haga reir  hasta que nos duela la panza .

Bases  y condiciones :
- Escribe algo que te haga llorar de risa mientras lo escribes. Copiate de los  sitcom del canal  Warner . No  deben ser chistes en serie , debe  ser algo brillante, descalabrado, que nos haga ver el mundo desde otra perspectiva y que impulse a decir  " léelo, no te lo puedes perder" .
- NO importa la cantidad de paginas, en que  tipografia , ni esas sandeces que no le importan a nadie mas que a los  jurados para  hacerse los importantes . Me envías  una obra de  10,  100 o  1000 paginas  en   tipografia   Papyrus , Comic Sans SAerif ( la de los Simpsons ) o Joker, lo mismo da . LO que importa no es la forma,  sino el fondo. No el cómo sino el qué . Lo envias a anavon@hotmail.com , con faltas de ortografia y todo .
- Di lo que tengas que decir, no me pongas estopa de relleno . Mas vale corto y bueno que largo y plomo.
- Tienes todo el tiempo que quieras porque no hay fecha de vencimiento para este concurso  que durará una vida : la mía . Y la tuya .
- No hay un solo ganador . Al contrario de todos los concursos, ganarán todas las obras buenas, que nos hagan llorar de la risa.
- No hay temas : puedes hablar de los que  quieras . Pero eso sí : habla de algo que SEPAS y conozcas al dedillo :  motos, autos , aviones, cocina, costura, vender zapatos ,  viajar en colectivo, tener un marido con Alzheimer , hijos tontos, suegras , inmobiliarias o lactancia materna . Pinta tu aldea, cuéntanos tu mundo  de la manera mas honesta y desopilante que quieras y puedas. Imagina que estás invitado a una cena carísima donde  no pagará tus trufas ni tu caviar y tu Petrus 1958 si haces reír a todos. Bueno : así.
  - Ridiculízate  y ridiculiza a los otros , sin maldad y sin criticarlos. SE HUMANO  y haznos sentir más humanos  con tu texto.
- Muéstranos al mundo con ojos de niño de  5 años . Sorpréndenos.Haznos olvidar de que somos mortales .
Entrega :
Envía tu trabajo a anavon@hotmail.com- Antes de enviarlo, te ruego que se lo des a leer a alguien que nunca se ríe con lo que escribes. Si esta vez se ríe,  envíamelo.

Premios :
- De momento sólo se me ocurre vender tu pdf  por doquier y pagarte el  50% de las regalías. Y darte como premio un blog  para ti promocionado en mi face ( 5000 lectores)  , mi twitter  (  6700)  y mis  40 blogs
 ( unos  3 millones ) en todo América Latina y algunos  paises  despistados que se me meten por ahi , y hacerte contacto con mis editores de siempre : Vergara, Planeta  y el que pesque y sea tan vivo como para comprara tui  libro . Te hago  el entre con  esos editores  porque si eres bueno, yo seré fan tuya. Capaz  que si esto funciona te pague un adelanto por los royalties . Y ya tengo  quien pueda subir tu obra  como aplicacion para Ipads y Ipods.

Jurado :
Armado de prepo, les guste o no , seran las señoras y  señores Carlos Marcucci  ,  Maria Laura Amuchastegui  , Guillermo Almeida   , Pepe Angonoa, Claudio Furnier   , Guflo Gustavo Flores, Sergio Más  Cristina Wargon , Flora Alkorta , Jorge Schussheim , Claudia Panno y Ale Bavera .  Aceptamos mas miembros honorarios del jurado. Despóticamente decidir  si son aceptados según considere quién tiene sentido del humor y quien no. Aviso : no tiene sentido del humor ( del que necesita el jurado)  quien se ríe, sino quien hace reír.

Fecha de entrega de premios :
No hay . Y depende de cuando entregues tu . El jurado se expedirá su voto  luego de que yo haga la preseleccion y les envíe  los trabajos finalistas . Todos los trabajos finalistas serán publicados en el blog  http://humorparallorarderisa.blogspot.com.ar
 Los tres mejores mejores recibirán un premio, ya veremso cual. Necesito sponsors   .Y contarán  con mi apoyo para ver que su publicacion se haga realidad . Prometo  y garantizo mi gestión , después vaya a saberse que pasa ., Al menos estamos   creando algo. Esto es sólo el comienzo !
Ampliaremos ...